Un post de Facebook ofrece a padre e hijo un grandioso regalo: tiempo

 
Ryan y Ashley Wagner, de Chicago, han compartido sus vidas desde el instituto. En el verano de 2013, celebraron una romántica boda con sus respectivas familias y amigos, y poco después recibieron la buena noticia de que Ashley estaba esperando su primer hijo. El futuro no podía parecer más brillante. 






Pero la historia de la pareja dio un desafortunado giro, ya que Ryan empezó a tener serios problemas digestivos. Al principio, pensó que se trataba de una gripe común, pero como los síntomas continuaban, decidió consultar a un médico.



Después, llegó el diagnóstico devastador: Ryan tenía cáncer de colon. El futuro padre tenía solo 29 años. Ashley recuerda: "Fue un golpe tremendo. Realmente era muy difícil asimilarlo. Por otro lado, teníamos muchas esperanzas de que se curara". Parecía ser una injusticia muy grande de la vida, ya que Ryan realmente se esforzaba por cuidar de su salud. "Era joven, saludable y entrenaba todos los días, y ahora dice en broma que se siente como si tuviera 90 años", comparte Ashley.

La pareja empezó a hacer todo lo posible para combatir el cáncer. Análisis posteriores revelaron qué tipo de tratamiento podría ayudarle. Mientras tanto, el embarazo de Ashley seguía progresando, y la pareja trataba de prepararse para el nacimiento de su primer hijo. Fue un tiempo muy angustioso, con subidas y bajadas. Pero poco después, sus esperanzas se esfumaron de golpe: el cáncer de Ryan era incurable. Se encontraba en un estado tan avanzado que había muy pocas posibilidades de que la quimio o la radioterapia pudieran ayudar, excepto para prolongarle la vida un poco más. "La realidad era demasiado dura. Tuvimos conversaciones muy difíciles y hablamos de temas que no tendríamos que haber tocado hasta los 60 ó 70 años", dijo Ashley.}
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En agosto de 2014, Ashley dio a luz a su hijo, Miles. El bebé fue como un rayo de luz que iluminó un poco la oscuridad de sus vidas. Al parecer, el nacimiento de su hijo le dio a Ryan nuevas fuerzas y esperanzas. Los Wagner anhelaban disfrutar en familia todos los años que fueran posibles, aunque fueran muy pocos. Pero enseguida llegó el siguiente trágico giro del destino.
Cuando tenía un mes de nacido, Miles se puso enfermo. No podía retener ningún alimento y vomitaba con mucha frecuencia. Al principio, los médicos supusieron que se trataba de reflujo gástrico y le dieron algunos medicamentos, pero no funcionaron. Entonces se dieron cuenta de que estaban ante algo mucho más serio. Con solo dos meses, Miles tuvo una fiebre extremadamente alta y sufrió un ataque epiléptico. Sus padres lo llevaron al hospital, y después de una serie de pruebas, los médicos le diagnosticaron oxaluria primaria, una enfermedad que provoca acumulación de toxinas en los riñones y termina por causar insuficiencia renal. Miles necesitaba urgentemente un trasplante de riñones.



Miles fue inscrito en una lista para recibir el órgano que necesitaba, y empezó su tratamiento de diálisis cinco veces a la semana. Al mismo tiempo, su padre se sometió a quimioterapia intensiva en un intento de prolongar su vida. Semana a semana, padre e hijo luchaban por sus vidas y disfrutaban de los fugaces momentos buenos. La esperanza y el miedo permanecían al mismo nivel.
El trasplante fue programado para febrero de 2017. Tomando en cuenta que los niños suelen recuperarse rápidamente, los médicos se mostraron muy optimistas con respecto al éxito de la operación. Miles tendría que tomar medicamentos por el resto de su vida para prevenir que su cuerpo rechazara el nuevo órgano, pero por lo demás podría disfrutar de una vida larga y saludable. Ashley estaba extremadamente agradecida: "Creo que estábamos un poco sobrepasados con la noticia de que alguien a quien no conocíamos muy bien se comprometiera a donar uno de sus riñones".
Y al final, la predicción de los médicos resultó ser correcta: la operación fue todo un éxito. Elizabeth no había dudado ni un segundo y mostraba una actitud alegre y positiva en el quirófano. Le lanzó un beso a Miles antes de que los cirujanos empezaran su trabajo. Ryan y Ashley no podían creerlo. Parecía como si por fin las cosas fluyeran sin obstáculos. Incluso Ryan mostró algunos progresos en su batalla contra el cáncer.



Ryan se siente absolutamente feliz de ver cómo su hijo recobra la salud. Su mayor temor era no estar vivo para presenciarlo. Tenía miedo de que su hijo siguiera sufriendo después de que él muriera. Ahora no tiene que preocuparse por eso nunca más, y todo gracias a una persona valiente y generosa que estuvo dispuesta a sacrificar parte de su cuerpo para salvar a un niño.


Miles, Ashley y Ryan le han expresado su gratitud a Elizabeth por todos los medios posibles. La sonrisa en sus rostros lo dice todo. Han recibido uno de los regalos más valiosos del mundo: ¡tiempo!