Parece una novela, pero también podría ser el programa electoral de Macron

A pocos días la primera vuelta de las elecciones francesas Quentin Lafay publica una novela sobre la vida política de su país y sobre la erótica del poder.




“Hacemos campaña con poesía, gobernamos con prosa”.
Con esta frase se presenta Quentin Lafay, uno de los escritores que forman parte del equipo de campaña de Emmanuel Macron, autor de una primera novela que acaba de ver la luz en Gallimard, colaborador ocasional de medios como Libération...
Quentin
Y eso antes de cumplir los 28 años.
“Hacemos campaña con poesía, gobernamos con prosa”.
Es la frase con la que también concluye la pequeña reseña que el periodista Jerôme Garcin dedicó al joven autor en BibliObs con motivo de la aparición en Francia de su novela La Place forte. Un artículo en el que se destaca el carácter aseado y serio de Lafay. Curiosamente estos rasgos y esta presencia del escritor aparece retratada de una manera muy similar en el resto de artículos que la prensa francesa le ha dedicado tras la aparición del libro.

Así, Lafay nos es vendido como ese estudiante ejemplar de Ciencias Políticas que desde que comenzara la carrera consiguió despuntar en todo lo que proponía. Ese chaval de clase media que sortea los males de una generación marcada por la crisis. Ese chico menudo, altivo, honesto, inteligente, que al contrario que cualquier escritor primerizo deja de un lado las drogas o el sexo típicos de una novela de iniciación, y prefiere publicar 240 páginas sobre la escena política francesa y la erótica del poder.
“Hacemos campaña con poesía, gobernamos con prosa”.
Con este mensaje podría resumirse la voluntad de La Place forte, un libro sobre un ministro francés que seis días después de ocupar su puesto siente tiene que abandonarlo no sólo porque detesta lo que se ha encontrado al llegar al poder, sino también porque no confía en las políticas sucias de su Primer Ministro.

Claramente inspirada en la figura del liberal Emmanuel Macron —en cuyo equipo Quentin Lafay trabaja desde 2014 como pluma para sus discursos— la novela en realidad es una confesión. Un recuerdo de este antiguo ministro que, cuatro años después de dejar de serlo se atreve a contar los entresijos, las luces y las sombras de quienes conforman la élite política de su país.
 
Aunque hay una profunda reflexión sobre las tensiones del poder, Guillaume Gendron, periodista de Libération, aclara en una entrevista a Lafay que La Place forte no se parece en nada a House of Cards. Mientras que la aclamada serie de Netflix encuentra su punto fuerte en la intriga y en la violencia, la prosa de Lafay nos remite más a un escenario de decepción —pero no una decepción deprimente como la de Houellebecq y Onfray, sino más bien a la de un panorama que aún puede y debe salvarse— . Lafay nos remite al choque de la vieja y la nueva Europa. Nos muestra una Francia intolerante a la que aún le quedan oportunidades.
¿Pero quién la salvará?
“Hacemos campaña con poesía, gobernamos con prosa”.
Igual que en las elecciones españolas de 2016 los de Podemos presentaban su programa electoral mediante un falso catálogo de Ikea, podríamos pensar que la novela de Quentin Lafay también es una suerte de declaración de intenciones de lo que Macron y su equipo quieren hacer con Francia si consiguen pasar la primera vuelta, combatir a Marine Le Pen y finalmente llegar al poder.
Según su ficción, se intuye un mandato prosaico. Un mandato que plante cara a los aires de “Frexit”. Un mandato con olor aún a recién hecho. Serio. Aseado. Feminista —Lafay no se cansa de citar a Yourcernar como influencia del libro y motor de sus ideales de cambio—. Un mandato en el que prime esa sinceridad que caracteriza tanto al autor de La Place forte como a su protagonista. Un mandato que sin embargo corre el riesgo de eso: de oler como un juguete nuevo pero de quedarse tan vacío como la caja que lo contenía.
Pero si La Place forte no es una declaración de intenciones , ¿por qué se publica precisamente ahora, a pocos días de la primera vuelta de las presidenciales?
“Todo lector que intente buscar una similitud con la realidad se estará equivocando”, advierte entonces Quentin Lafay.
Porque quizá, como novelista primerizo que es, de lo que esté hablando en verdad La Place forte sea de algo parecido a una historia de amor.
Ya se sabe:
"Hacemos campaña con poesía, gobernamos con prosa".